Operación Gaviota: la mañana en que un comando del ERP hizo estallar un explosivo en Aeroparque para derribar el avión en el que viajaba Videla

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El ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz y el dictador Jorge Rafael Videla fueron el objetivo del atentado del ERP (Télam)

Para mediados de febrero de 1977, la dictadura más sangrienta de la historia argentina llevaba casi once meses en el poder, con el comandante en jefe del Ejército Jorge Rafael Videla usurpando en sillón de Rivadavia y el empresario José Alfredo Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía.

El 24 de marzo del año anterior, las tres fuerzas armadas habían derrocado al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón para perpetrar dos objetivos básicos: la eliminación física de la disidencia política, social e ideológica, y la destrucción de la economía nacional para atar a la Argentina, en una posición de completa dependencia, al sistema financiero internacional. La solidaridad entre ambos objetivos era imprescindible para los dictadores: en un tablero geopolítico que enfrentaba a los dos grandes bloques – liderados por los Estados Unidos y la Unión Soviética – la instauración de un Estado terrorista en el país era una condición necesaria para aplicar un modelo económico que apuntaba al empobrecimiento y la exclusión de un importante sector de la sociedad.

El 29 de marzo de 1976 el dictador Jorge Rafael Videla tomaba juramento como presidente de la Argentina, luego del golpe de estado militar del 24 de marzo de 1976. A la izquierda esta el almirante Eduardo Emilio Massera y a la derecha el brigadier Orlando Ramon Agosti (Photo by AFP)

En el mapa del poder de la Argentina, el militar Videla era el mascarón de proa del plan sistemático de represión ilegal que ya se había cobrado la mayoría de los 30.000 desaparecidos que sería el saldo final de ese plan criminal y Martínez de Hoz era la cara visible de la destrucción económica del país. Sacarlos abruptamente de la escena – eliminarlos – podía significar un golpe tremendo para la dictadura y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) se propuso intentarlo con uno de los planes más audaces de los elaborados por las organizaciones guerrilleras argentinas, la Operación Gaviota.

La idea había surgido cuando un oficial de inteligencia del ERP consiguió los planos de la red tuberías del Arroyo Maldonado, que atraviesa de oeste a este la ciudad de Buenos Aires. Un informante de la organización guerrillera pudo acceder a esos documentos en plena dictadura, hizo una copia, se la entregó al hombre de inteligencia y cuando la inteligencia del ERP confirmó que el entubado pasaba justo por debajo de la pista del aeropuerto Jorge Newbery, ubicado al lado de la Costanera porteña, descubrió que podía ser el lugar ideal para atentar contra Videla. Solo era necesario acceder a la agenda de los viajes presidenciales para encontrar la ocasión de hacer volar por los aires al dictador y a quienes lo acompañaran durante el despegue del avión.

Eduardo Streger, alias El teniente Martín, fue el responsable de la Operación Gaviota

Para cuando accedió a los planos de las tuberías del Maldonado, el PRT-ERP estaba diezmado tras la muerte y desaparición de sus máximos dirigentes –Mario Santucho, Benito Urteaga y Domingo Menna- ocurrida el 19 de julio de 1976. Quienes quedaron en la máxima conducción de la organización decidieron el plan más temerario, que apuntaba a la cabeza misma de la dictadura: poner dos poderosas cargas de explosivos adosadas al techo del Maldonado, justo bajo la pista del aeropuerto y detonarlas el día y en la hora exacta en que Videla viajara. La responsabilidad de la planificación y la ejecución de la Operación Gaviota quedó en manos de un guerrillero experimentado, Eduardo Streger.

El teniente Martín

Eduardo Miguel Streger había nacido en Banfield en 1948 en una familia de clase media. Sus primeros años los cursó en el William Shakespeare y luego estudió en el Antonio Mentruyt, un colegio público de Banfield, que por entonces daba el título de maestro. Le decían “el Fino” porque era flaco y largo como un fideo. Cuando tenía 20 años, a través de antiguos compañeros del secundario, se puso en contacto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Sin embargo, no pasó de la periferia de esa organización. Finalmente se sumó a las filas del ERP, donde lo apodaron “la Tía”. Apenas unos meses después de incorporarse, la noche del 8 de julio de 1971, fue detenido junto Martín Marcó, Pedro Cazes Camarero, Alicia Sanguinetti y “el Galleguito” Rodríguez. Habían preparado unos cuantos bidones de nafta que trasladaron en autos hasta la avenida Libertador cerca del Monumento de los Españoles. El objetivo era incendiar el palco donde, horas después, el dictador Alejandro Lanusse iba a presenciar el desfile del día de la Independencia. Pero los movimientos sospechosos del comando del ERP llamaron la atención y la policía evitó el atentado. “La Tía” y sus camaradas fueron a parar al penal de Villa Devoto.

Al cabo de unos meses, sabiendo que los llevaban al Palacio de Tribunales, planearon una fuga con un mínimo apoyo exterior. Los habían llevado a un despacho en el segundo piso que tenía una ventana que daba sobre Lavalle. En esa calle, otros miembros de la organización disponían de unas motos para poder hacer rápido el escape. En el momento en que les quitaron las esposas, el “Galleguito” Rodríguez, muy resuelto, saltó y la fortuna hizo que quedara ileso y subiera a una de las motos. Cuando Cazes Camarero, Marcó y Streger estaban por hacer lo mismo fueron reducidos a punta de pistola. Debieron volver a Devoto, de donde salieron con la amnistía del 25 de mayo de 1973. Cuando en la segunda mitad de 1976 lo convocaron para hacerse cargo del grupo que llevaría a cabo la Operación Gaviota, Streger tenía en su haber la participación en varias acciones guerrilleras y ya era el teniente Martín.

Eran muy pocos quienes sabían y participaban la operación. El oficial de inteligencia que había entregado los planos, en los vaivenes de caídas y desapariciones, había quedado desenganchado de la organización. Poco después de volver a tomar contacto, decidió irse del país. Streger tomó la precaución de pedirle que avisara una vez que estuviera a salvo en el exterior para tener la certeza de que no había caído en manos de los militares. De esa manera podía saber que los datos de la Operación Gaviota no se habían filtrado y podían comenzar con la exploración del Arroyo Maldonado. Pasó muy poco tiempo y, a través de un mensaje cifrado, el hombre de inteligencia dio el aviso. Fue entonces que Streger puso en marcha los primeros pasos.

Explorando el arroyo

Streger tenía documentos falsos y estaba en la mira de los grupos de tareas. El segundo al mando de la Operación Gaviota era aún más buscado: también había pasado por las cárceles de Lanusse y luego formó parte de los grupos del ERP que operaron en los montes tucumanos. Los militares sabían que era un hombre destacado en la guerrilla rural y lo buscaban con ahínco. Estos dos hombres, acompañados por algunos pocos más, debían preparar la logística para colocar las dos poderosas cargas explosivas bajo la pista del Aeroparque metropolitano.

Plano del Arroyo Maldonado

Los primeros pasos fueron reconocer los accesos y bocas de tormenta del arroyo Maldonado, ese largo curso de agua entubado a principios del siglo veinte de más de 20 kilómetros que nace en La Matanza y desemboca en el Río de la Plata y operaba de límite natural de la ciudad de Buenos Aires desde Palermo, al este, hasta los suburbios de Liniers y Versalles. Hasta que se decidió el entubamiento a fines de los años veinte, solo podía cruzarse en bote.

Una vez estudiados los planos, los guerrilleros acondicionaron una furgoneta en un taller: habían hecho un agujero en el chasis para poder descender a una boca de tormenta sin abrir las puertas y despertar sospechas. Así, una noche, el chofer de la furgoneta se estacionó unos minutos sobre una de las tapas de acceso, Streger y su segundo ataron unas sogas, descendieron dispuestos a caminar con linternas, planos y mucha audacia. La camioneta arrancó y nadie supo que se había dado un paso decisivo para consumar el atentado.

Tras familiarizarse con las tuberías, detectaron una boca de acceso más cercana al aeropuerto Jorge Newbery. El asunto era que, a medida que se acercaban a la desembocadura del arroyo, el caudal del agua aumentaba. Además, los días de lluvia, la corriente crecía aún más. Compraron un bote de fibra de vidrio, lo bajaron. Los riesgos crecían como la corriente: el país estaba bajo control militar y las delaciones a la orden del día.

La carga explosiva

Reconocido el trayecto – bajaron alrededor de diez veces – y elegido el lugar, debieron definir qué explosivo utilizarían y en que cantidad. “Se debió resolver el problema del cálculo de la carga explosiva, teniendo en cuenta el espesor de la pista, que era de entre 65 centímetros y un metro de hormigón armado extraduro. Se determinó que para volar tal espesor se requerían aproximadamente entre 9 y 12 kilos de TNT. Pero como se debía lograr una onda suficientemente poderosa para que afectara al avión en vuelo, se determinó que se usarían como base unos 65 kilos de explosivo en una carga central, justo debajo del centro de la pista, compuesta por 30 kilos de TNT y el resto de gelamón, y otra carga en el borde, debajo de una tapa de inspección. Ahí se colocaron 15 kilos de TNT y unos 50 de gelamón, lo que hace un total de 105 kilos aproximadamente. Se calculaba que cualquiera de las dos que estallara con el avión carreteando sería suficiente, aunque si se lo tomaba en el despegue, la principal sería la del centro, por los trozos de hormigón que saldrían disparados por el aire, como proyectiles. Las dos cargas estarían conectadas en paralelo a una línea principal de conducción eléctrica y cada carga tendría tres cápsulas detonantes eléctricas más otras repartidas como reforzadores”, explicó después del atentado uno de los tres guerrilleros del grupo en una entrevista publicada por Estrella Roja, el órgano de prensa del ERP.

El sistema eléctrico para detonar los explosivos fue otro problema a resolver. “Se utilizó el sistema simple, sin el uso de explosores telecomandados, por el hecho de que en una zona de tanta interferencia eléctrica y radial estos aparatos son peligrosos pues se accionan solos por la interferencia de ondas perdidas. Esto motivó que se utilizara una extensa línea de cables, que debieron ser especiales para resistir la gran humedad del arroyo Maldonado, y fabricar una fuente de energía, pequeña y portátil, pero de alto voltaje e intensidad. Este fue uno de los problemas más serios, resuelto luego de varias experiencias e investigaciones que en algunos momentos resultó hasta fascinante, por el tipo de elementos que fue necesario experimentar”, contó el guerrillero en la misma entrevista.

El atentado

Para cuando terminaron los preparativos, la inteligencia del ERP ya contaba con el cronograma de viajes de Videla en avión. Uno de ellos sería el viernes 18 de febrero de 1977, en un Fokker F28 que partiría a las 8.30 con destino a Bahía Blanca.

Portada de la revista Estrella Roja

Ese día los responsables de la operación pusieron una serie de observadores cercanos a la pista que se comunicaban a través de walkies talkies con Streger y su segundo. Esos guerrilleros fueron informados de su tarea y el objetivo recién la noche anterior, cuando ya estaban concentrados en una casa de seguridad del ERP. “El 18 (de febrero) a las 7 la unidad se dirige a la zona que era intensamente vigilada por el enemigo, y de acuerdo con el plan, se monta un ‘pre emplazamiento’ esperando la orden del jefe, de forma tal de no estar emplazados en los sitios demasiado tiempo. A las 8:15 se ubican los compañeros definitivamente en sus puestos y el compañero disparador abre la comunicación con el jefe que estaba en el puesto de observación. Los intercomunicadores funcionan normalmente y se abre un compás de espera, la fuente eléctrica es conectada al circuito de disparo”, relató uno de los participantes en Estrella Roja.

La misión de esos observadores era comunicar el momento preciso en que el avión comenzara a carretear para que Streger, que estaba en los bosques de Palermo, apretara los dos botones del control remoto e hiciera estallar los explosivos. Todo salió como estaba previsto, el avión se demoró solo diez minutos. A las 8.40 las turbinas ya estaban en movimiento, el Fokker carreteó y en cuestión de segundos levantó vuelo. El vigía principal se comunicó y Streger apretó los botones.

“A las 8:40 el avión levanta vuelo y pasa por debajo del punto de referencia: el jefe da la orden de fuego y el disparador acciona la batería. Se produce la explosión. El avión acusa la onda pues produce un leve balanceo, pero no es afectado”, es el relato publicado en el órgano del ERP sobre el momento culminante. Hasta allí todo había funcionado a la perfección, pero hubo dos detalles que hicieron fracasar el atentado. El avión llevaba poco combustible y al tener menos peso se elevó en un ángulo mayor al que los guerrilleros tenían previsto. La primera bomba explotó, pero la onda expansiva apenas sacudió al avión. La segunda carga, la más letal, no estalló.

El comunicado y los titulares

La tarde de ese mismo viernes, el ERP hizo conocer un comunicado en el que se adjudicó la autoría del atentado fallido contra Videla y Martínez de Hoz. “En el día de la fecha, siendo las 8:30 hs, la unidad especial Benito Jorge Urteaga del ERP por indicaciones del Buró Político del PRT procedió a hacer detonar una carga explosiva debajo de la pista principal del Aeroparque Jorge Newbery con el objetivo de destruir el avión presidencial y al asesino Videla. Por causas de orden técnico no se logró el objetivo final a pesar de haber detonado una de las cargas explosivas. El brazo de la justicia popular es largo y sabe ajustar cuentas con los asesinos y torturadores del pueblo argentino. El puño de acero de la vanguardia armada del pueblo sabrá luchar incansablemente hasta lograr el triunfo total sobre las más bárbara y sangrienta dictadura militar que jamás haya soportado nuestro país”, decía.

La noticia en el diario La Opinion

Al día siguiente, el hecho fue tapa de la mayoría de los diarios nacionales y noticia en los internacionales. “Frustrado atentado contra el avión presidencia”, tituló Clarín con una foto del Fokker. “Fracasó un atentado terrorista que se perpetró ayer en el aeroparque metropolitano en circunstancias en que decolaba el avión que llevaba al presidente a Bahía Blanca. La violenta explosión no causó víctimas, pero debió cerrarse la estación aérea y los vuelos se cumplieron desde Ezeiza”, decía la bajada. El diario español El País lo contó así: “El presidente argentino, general Jorge Videla, ha escapado ileso de un nuevo atentado contra su vida, el segundo en el plazo de cuatro meses. Cuando el avión presidencial iniciaba su despegue de Buenos Aires, rumbo a Bahía Blanca, una bomba hizo explosión junto a la pista, de la que levantó siete metros de asfalto. La precisión cronométrica del atentado hace pensar que el poderoso explosivo fue activado a distancia”.

El responsable de la Operación Gaviota, Eduardo Miguel Streger, “La Tía”, el teniente Martín, fue secuestrado por un grupo de tareas tres meses después del atentado y continúa desaparecido. El segundo al mando en el grupo y el oficial de inteligencia que consiguió los planos de las tuberías del Maldonado sobrevivieron a la dictadura.