Tomás Etcheverry, el campeón que forjó su identidad entre La Plata y el mundo: de aquel juego en la playa a la gloria en el Río Open

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Exhausto y emocionado, Tomás Etcheverry se dejó caer sobre la arcilla tras asegurar la victoria. (Fuente: Río Open)

Alto, atlético, de bajo perfil, respetuoso y medido al hablar. Son las señas particulares de Tomás Martín Etcheverry, flamante campeón del Río Open. Nacido hace 26 años en La Plata, se crió recorriendo las diagonales de la capital bonaerense junto a sus padres, Fernando y María Lía, quienes lo acercaron desde pequeño al deporte.

El origen de ese vínculo, sin embargo, fue meramente lúdico. A los 5 años, durante unas vacaciones familiares en la playa, a Tomás le dieron una raquetita y una pelota con la que se pasaba varias horas. Le pegaba una y otra vez para matar el aburrimiento. Así se fue inclinando, de a poco, por el tenis.

A los cinco años, Tommy ingresó a La Plata Rugby Club, institución por la que aún conserva un profundo cariño. Allí, el profesor de tenis Jerónimo Lanteri lo acompañó desde las categorías menores y fue quien lo acercó al alto rendimiento al advertir su proyección como tenista profesional.

Etcheverry se destacó desde temprana edad y en 2017 inició su recorrido en el circuito profesional. Pero fue en 2022 cuando logró despegar definitivamente de los torneos Challenger para insertarse en el selecto grupo de los Top 100. Con un nuevo equipo liderado por Wally Grinóvero, dio el salto que lo acercó a la élite del circuito.

El tenis le fue regalando postales de sus ídolos, como Novak Djokovic y Juan Martín del Potro, a quienes disfrutaba por televisión y hoy se cruza en vestuarios y pasillos de torneos. El fanatismo es tal que, al igual que la española Arantxa Sánchez Vicario, tiene un perro llamado Roland Garros.

Tomás Etcheverry posa de rodillas con el trofeo de campeón (Fuente: Río Open)

Tomás mide 1.98 metros y se lo reconoce por un rostro aún juvenil, una sonrisa simple y una simpatía que se asoma entre su timidez. El circuito profesional lo llevó a fijar residencia en Dubái. Sin embargo, cada regreso a La Plata tiene sabor a hogar: mamá María Lía siempre lo recibe con milanesas preparadas con sus propias manos. Y también tiene aroma a fútbol: Tommy no oculta su pasión por Gimnasia y Esgrima La Plata, el Lobo, que ocupa un lugar especial en su mundo.

La carrera de Etcheverry estuvo marcada por contrastes: vuelos interminables, torneos en destinos remotos y hasta una deportación por exceso de permanencia en Europa, un momento de angustia que con el tiempo se transformó en anécdota.

En los últimos 18 meses atravesó una etapa de búsqueda que lo llevó de la incertidumbre al reencuentro con lo conocido. Se alejó de Grinóvero y, meses después, volvió a trabajar con él para recuperar sensaciones e identidad. El círculo se cerró con un regreso a esa versión sólida, pausada pero firme, que se mueve con autoridad en el rectángulo de 8,23 por 23,77 metros.

A comienzos de año, cuando ocupaba el puesto 57 del ranking, Etcheverry había trazado un objetivo ambicioso: llegar al Indian Wells Masters como uno de los preclasificados. Para lograrlo necesitaba escalar cerca de 25 posiciones. “No hay otra. Tengo que ganar los partidos que me faltan si quiero hacerlo”, había dicho en Río. Y para eso debía quedarse con el torneo.

Lo consiguió tras una semana vertiginosa y extenuante. Debido a la lluvia y a la reprogramación por el calor extremo, disputó la semifinal y la final del ATP 500 brasileño en la misma jornada, acumulando más de 6 horas de competencia y estrés físico y mental. La consagración fue el premio a su esfuerzo y perseverancia.

La sonrisa de Tomás Etcheverry luego de conseguir su primer título (Fuente: Río Open)

En el momento de la premiación, Tomás recordó a Magalí, su hermana mayor, quien murió en septiembre de 2022 a los 32 años tras luchar contra un cáncer de mama. También les dedicó el título a sus padres y a su abuelo, fallecido el año pasado.

Si bien uno de los grandes objetivos ya está cumplido, Etcheverry quiere más. “Ahora voy por todo”, avisó en medio de la celebración. El tenis continúa y ofrece revancha, pero no espera. Su vida sigue el ritmo casi mecánico del circuito: cena, hotel, traslado y un avión hacia un nuevo destino, Santiago de Chile.

En esos viajes, Etcheverry lleva consigo la estela de sus ídolos. Y aunque admira a gigantes del tenis, le encantaría conocer a Bill Gates. Tal vez en Indian Wells, donde el fundador de Microsoft suele asistir como espectador, tenga la oportunidad de cruzarlo. Esta vez, además, Tomás podría hacerlo como uno de los preclasificados del torneo.